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72 de cada 100 mayores de edad tienen cuenta bancaria

Durante los últimos 25 años, Iván Rizo evadió los servicios bancarios. Usaba únicamente efectivo, no accedía a préstamos, pagaba al contado y no tenía una cuenta bancaria.

Desde enero no solo tiene una, sino tres: de ahorros, corriente y virtual. Rizo se sumó a 8,5 millones de clientes que se registraban en el país hasta septiembre pasado, 2,7 millones más que en el 2015, según el informe de Acceso al Sistema Financiero, publicado por el Banco Central del Ecuador.

Una de las razones principales que motivaron a Rizo a bancarizarse fue la pandemia, pues por las restricciones de movilidad le resulta más difícil mantener contacto físico con sus clientes. La segunda razón, y la de más peso, es la posibilidad de acceder a un crédito para capitalizar su imprenta.

Para el Central, la incorporación de este quiteño de 63 años al sistema financiero es el resultado de una estrategia para ampliar el acceso de la población a esos servicios que ofrecen la banca, las cooperativas y las mutualistas en el país.

Los resultados señalan que el 72% de los adultos en el país usa cuentas bancarias (8,3 millones de personas).

Del total de personas con cuentas, 3,2 mantienen en la actualidad créditos con la banca, 1,5 millones más que en el 2015. “Desconfiaba de los bancos, por lo que pasó entre el 98 y 99. Pero ahora quiero un crédito”, cuenta Rizo.

El producto que más penetración ha tenido es la cuenta de ahorro. Según Julio José Prado, presidente de la Asociación de Bancos Privados del Ecuador (Asobanca), esto se explica porque las instituciones han trabajado en hacer más sencilla la experiencia. “Ahora una persona puede abrir una cuenta básica de forma presencial o vía digital, sin mayores requisitos; solo debe presentar cédula o pasaporte” .

Otro factor es que los bancos se ha acercado a la gente, pues ahora ofrecen servicios en tiendas o farmacias en barrios y zonas rurales, destacó Prado.

Asobanca señala que las campañas de educación financiera durante los últimos años también impulsaron el crecimiento de la bancarización.

Si bien hubo un aumento en el número de cuentas abiertas, para Valeria Llerena, presidenta de la Red de Instituciones Financieras de Desarrollo, las cifras se diluyen cuando no se especifica si se los nuevos clientes vienen de los segmentos históricamente excluidos de estos servicios, como las zonas rurales, si son mujeres o si son personas con ingresos bajos.

“Lamentablemente, las entidades financieras no reportan por número de cédulas sino por número de cuentas. Puede ser una misma persona, pero con tres cuentas”, dice.

Además, el promedio de microcrédito es de USD 5 000, una cifra que evidencia que hay poblaciones con ingresos bajos que no pueden acceder a préstamos pequeños de USD 100 o 200. “Hace falta mucho para lograr una verdadera inclusión, pero podemos empezar por mejorar la regulación para ampliar más servicios”.

Llerena sugiere que más entidades ofrezcan servicios accesibles y cercanos a la gente.

Cecilia Chugá, de 51 años, también es nueva clienta en un banco. Es de Sucumbíos, pero vive en Quito. Cuando comenzó la pandemia sacó una cuenta virtual, en la que recibe el pago como empleada doméstica. “Antes mi patrona me pagaba en efectivo, pero ahora me hace depósitos”. Uno de sus hijos la ayudó a abrir la cuenta a través de Internet.

En su caso, el ingreso promedio de su cuenta es de USD 400 al mes. No tiene tarjeta de crédito ni préstamos. En su barrio, el banco más cercano está a 3 kilómetros. Si necesita depositar o retirar dinero lo hace en las tiendas o farmacias que tienen ese servicio.

Andrés Vergara, analista económico, dice que los indicadores del Central son positivos y reflejan que con la pandemia y con la necesidad de distanciamiento subió la bancarización. Pero para él, el primer paso es la creación de las cuentas y el segundo debe ser la colocación de más créditos para que el dinero se mueva. “Lo que vemos es un aumento del ahorro y que la gente está guardando, está siendo más cautelosa a la hora de gastar”.

En esto coincide el analista financiero Guillermo Granja. Para él, además, la baja penetración de las tarjetas está relacionada con una baja cultura financiera de la población y con los costos: la tasa de interés es alta, llega al 17,3%, y se paga por mantenimiento.

Para Granja, falta una política que aliente su uso. En Uruguay, por ejemplo, el IVA es menor si el pago es con tarjeta.

En el caso de Rizo, en los dos meses que lleva como cliente de un banco, ya paga a sus proveedores con transferencia. Aún no tiene una tarjeta de crédito, pero dice que en el futuro sí le gustaría tener una.

Written by perú despierta

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