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Antivacunas ganan la calle mientras el virus crece

Vacunas o no vacunas. Un falso dilema, cuando el que debieran plantearse millones de seres humanos es el de la protección posible o la muerte.

La imagen gana las pantallas de TV y las fotos de los diarios. Manifestantes sin mascarillas portando carteles a nombre de su libertad individual. Miles se oponen a las vacunas y surge un debate ético, científico y hasta se añaden aristas filosóficas pero sobre todo se trata de la convivencia social. Aquí todo pasa por no contagiarse, no ocupar las camas de aquellos que no pudieron vacunarse y que, infelizmente, fueron infectados y están hospitalizados o al borde de la muerte. Y allí sí la libertad individual podría afectar al bien común.

Por eso es que la idea expresada con nitidez por el Presidente de Francia cabe. Es que nadie puede obligar a vacunarse a otra persona, para respetar su libre albedrío. Pero nadie debe ni puede someter a los demás al riesgo de contagio y muerte.

Que las personas que no quieran vacunarse no lo hagan, pero que se queden en casa.

Es la hora de la libertad y de circular con plena seguridad de todos aquellos que se han cuidado en estos largos 17 meses entre el confinamiento y la angustia, entre el miedo de morir y la pérdida de los puestos de trabajo. Entre la tragedia de la muerte de seres queridos, amigos, millones de ancianos; vemos caer en el cumplimiento de su deber y el juramento hipocrático a los médicos. Sabemos que los enfermeros y el personal de servicios hospitalarios puso varias de las miles de víctimas inocentes.

Aquel que no quiera vacunarse por razones de convicción personal que no lo haga. Tampoco se puede obligar a alguien que tenga posturas religiosas o filosóficas arraigadas contra las medicinas o las vacunas, o adscriba las ideas de que las vacunas tienen chips, a inocularse contra su voluntad o a la fuerza.

Los antivacunas no deben ir por allí sueltos de huesos contagiándose, o lo que es peor, contagiando a los demás. Es hora de trazar una línea roja de respeto a la vida. Quien no quiera vacunarse que tampoco vaya al teatro, al fútbol o a tomar un buen café.

Written by perú despierta

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