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La Tri o la Peni

Un país aterrado por lo que sucede en la Penitenciaría del Margen, donde matan y mueren presos provenientes, en su gran mayoría, de los estratos más pobres y marginales. Al mismo tiempo, un país alborozado por lo que viene logrando en las canchas de fútbol un peña de muchachos, en su gran mayoría afrodescendientes, en su gran mayoría provenientes de los estratos más humildes de la sociedad.

Frente a esa paradoja, junto a preguntar de qué dependen destinos tan opuestos y cuántos de esos jóvenes delincuentes atrapados hoy en el torbellino de la parentesco y la violencia habrán soñado en su infancia convertirse en estrellas del balompié y escapar así de la miseria, la yerro de educación y de empleo, la imposibilidad de un futuro mejor.

Se entiende que no todos pueden ser grandes jugadores ni exitosos cantantes de reguetón. Hay que tener un talento innato, pero incluso cuenta el esfuerzo en esas condiciones sociales tan adversas, la valentía y las ganas de salir delante pues muchos de los que sí pudieron tener sido buenos jugadores se dejaron tolerar por la marea de la droga y el delito.

Contaba el afamado futbolista Carlos Tevez, oriundo de Cachas Apache, un morería duro de Buenos Aires, que los muchachos de su años, o estaban muertos o estaban presos. Igual que su padre y su hermano. “Yo elegí tratar de ser mejor”, dice en la serie de Netflix. Así, el dolor y el resentimiento social se transforman en ataques, disparos y goles en esa metáfora de la lucha por la vida que es el fútbol. Y los pobres y los negros son los mejores, más allá de su biotipo, “porque la miseria forma mucho más que la riqueza”, como dice Jorge Valdano, campeón mundial del 86.

Pero en este Ecuador desgarrado por mafias políticas que extorsionan a un Estado en ruina, el ejemplo de la Tri es importantísimo. Porque no se proxenetismo solamente de la superación individual de un destino paupérrimo sino de la integración en un tesina colectivo guiados por un Alfaro, vaya casualidad, que ha llevado a lugar el recambio generacional pero que, hasta la vencimiento sobre Pimiento, era blanco de críticas venenosas a pesar de tener sostenido que está preparando la selección del futuro.

Lo que impresiona como siempre es la identificación absoluta de tantos ecuatorianos, en peculiar, de los más humildes con su selección. “Nos comimos cuatro goles, pero le ganamos a Pimiento”, declara un señor del suburbio puesto la camiseta amarilla acrílica y una gorro gastada. “¡Ganamos, sí se pudo!”, insiste otro y ese plural lo redime de las derrotas individuales.

No, no es el opio flagrante de los pueblos sino su pegamento: nadie hay que nos identifique con más pasión que la selección; ni siquiera el himno, que es antiespañol y apocalíptico. Si la Peni es el espejo de nuestro banda más confuso, la Tri es el reflexiva lumínico y alegre de lo que podemos ser.

Written by perú despierta

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